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A día de hoy está bastante claro que la Inteligencia Artificial (IA) está cambiando el comportamiento de la sociedad. Y, por supuesto, la manera de trabajar de los profesionales de las ventas. Y mirando al futuro inmediato, la pregunta que nos tenemos que hacer al respecto no es si los equipos de ventas se adoptarán a esta nueva realidad, sino cómo y en qué medida lo están haciendo.

La Inteligencia Artificial tiene que verse, por tanto, como una oportunidad, no como una amenaza ya que generará mayores niveles de automatización ahorrando esfuerzos y tiempo que podrán dedicarse a otras tareas importantes como la evaluación de los procesos y resultados. A pesar de ello, es lógico pensar que puede suponer una reducción en los componentes de los equipos de ventas, lo que se traduce en que algunos profesionales vean con rechazo la integración de estas nuevas tecnologías.

Es de suponer que la implantación de algoritmos predictivos ayudará a aprender de los errores y que se repitan los patrones de éxito. Además, facilitará la optimización de los inventarios de productos previendo la demanda y realizando pronósticos de ventas basados en los comportamientos de los mercados, las empresas y los consumidores.

Por tanto, la previsión es que aumente la calidad del trabajo y se maximice la productividad. No obstante, creemos que no es inteligente volcarse totalmente en la tecnología y perder el factor humano, tema que hemos tratado recientemente en este blog. De hecho, el proceso de ventas se sustenta en gran medida en la creación de relaciones comerciales tejidas a partir de las relaciones humanas.

Por ello, damos la bienvenida a la tecnología y a todos los procesos comerciales, que con ella se pueden automatizar. Le abrimos los brazos para aceptarla, tanto en cuanto mejorará nuestros procesos de venta. Pero lo hacemos con brazos formados por carne y huesos, no biónicos.